La Ola
Y sin embargo, se mueve. El feminismo en el coño sur, digo.
La última peli que les recomiendo este año está en Netflix argentina al menos, es chilena, se llama La Ola y viene bien para despedir este 2025. Es una película sobre la acción feminista 2018 en Santiago de Chile, dirigida por un señoro, Sebastián Lelio. Pero claro no es cualquier señoro, es un director que nos gusta mucho.
La Ola se estrenó el 16 de mayo de este año que culmina en Cannes antes de llegar en agosto a los cines de Santiago. Llamativamente no figura en filmin.es en su sección de festivales, donde tiene 21 perlas de este festival francés y 30 palmas de oro para ver. Es extraño por la propia trayectoria de Lelio, tan ligada al glamour de Cannes y a la beca Guggenheim obtenida por él. Pero también Lelio tiene en su cv al Festival de San Sebastián que lo vió nacer.
Empero, vuelvo a filmin, para mis amiguis que me piden qué ver en esta plataforma; vean El año del Tigre (2011), y requete por supuesto Una mujer Fantástica (2017). Por su parte, la plataforma de streamming argentina xiclos, tiene su obra Desobediencia (2017), que conforma la trilogía de pelis en relación a diversidades, disidencias y sexualidades, junto con Gloria (2013). Netflix arg tiene El Prodigio (2022) también, la peli anterior a La Ola.
Rarezas de Lelio: nació en Mendoza (Argentina), es nómade aunque ahora reside en Berlín, y una de las pelis mencionadas, Gloria, tuvo su remake holliwoodiana, Gloria Bell (2018), protagonizada por Julianne Moore.
Con este brevísimo reporte de dónde explorar para ver sus obras, nos queda claro algo interesante, que conecta con la relación que este director tiene con temas relativos a la comunidad lgbttq y los feminismos: los apropiacionismos posibles, si existen en Lelio, si no, si ese debate es un debate que ya pertenece al pasado. Esto no es un tema menor, o rebuscado: aparece en la propia película, donde se lo increpa al mismo director rompiendo la cuarta pared, o en realidad la quinta. Hay que decir que la peli se estructura sobre ejercicios brechtianos (de movida, es una ópera, digamos, al estilo de la Opera de los 3 centavos, tranquilamente). Y se rompe en numerosas puestas en abismo, donde las capas de enunciación se multiplican y disparan para contar los múltiples puntos de vista y romper cualquier narrativa cómoda de cualquier mood patriarcal y burqués. Juaz. De hecho el guión fue realizado por tres mujeres, y las canciones fueron compuestas por otras 17 en un campamento artístico musical (¡¡¡¡amo esto, me rompe la cabeza, como nuestros campas!!!!).
Esto del musical es tan potente, porque por un lado, La Ola irrumpe con un género que en el cine latinoamericano no es tan pregnante ni exitoso, podemos decir así. Pero sobre todas las cosas, porque si hay un movimiento político musical, ese es el feminismo: nada seríamos sin todas las canciones que hemos logrado componer como herramientas de lucha en estos siglos. Pero además, porque la funa, es decir, la cancelación, que es el tema de la película, también se reelabora poéticamente como una posibilidad de recuperar una voz. O todas, coralmente. La relación cancelación/clase social del videoclip del final, es bien interesante. Creo que las trece canciones/coreografías de La Ola, de paso añado, son muy útiles para dar en clase, sin dudas, y creo que eso haremos especialmente en nuestros espacios de Estética Contemporánea.
Lo territorial no es menor: el lugar de las violencias que provocan tamaña insubordinación es la Universidad, en el centro urbano, que prácticamente toma, en todos los sentidos, la dinámica dramática del filme. Las escenas son colectivas, los créditos conforman 8 minutos de la película, lo que refuerza esta idea de lo presente, en relación a las grupalidades de todas las escenas, más íntimas o más dialogadas, que siempre logran reverberar ese mantra que repetimos: toda enunciación siempre es una enunciación colectiva.
Más para pensar esta peli que tardó 7 años en concretarse: el contexto histórico. Es como si nos narrara desde entonces hasta el hoy. La veo florecer, hija de todas nosotras, en el entorno post eleccionario chileno, donde la derecha del electo José Antonio Kast se impuso a la izquierda de la tía Jeannete Jara, nuestra candidata. Sin embargo, me dicen los wasaps de mis amigues trasandinos: acá no se rinde ni se acomoda nadie, y a mí me asoma la esperanza, en este fin de diciembre porteño repleto de apagones de luz y presupuestos de Mil3i antiderechos.
Las preguntas: ahora que pasaron 10 años desde el 2015 punto de inflexión para cambiar la historia de las mujeres en Latinoamérica, ¿bajó la espuma de la ola feminista? Este 2015 que merece una entrada y pronto la tendrá, en relación a todo lo que cambió y nos cambió la vida, junto, obviamente, al 2020; quizás en este 2026 podamos animarnos a compartir aquí lo que conversamos en clases y en fiestas, y que lo debatamos entre todes.
¿Bajó la espuma? ¿Nos calmamos finalmente, o no nos calmamos nada? Porque ahora irrumpió una peloi dirigida por un señoro cuyo cine devoramos, y al que al menos yo, le agradezco enormemente la existencia, juaz. ¿Será nomás, como dice la genial Gina Luker (aquí en substack pueden seguirla en este perfil), que en realidad, todo este avance de la ultra derecha depredadora, ultramontana y apocalíptica es porque estamos, sin dudas, ganando y muy cerca de lograrlo todo?
Me gusta empezar el 2026 así, con la producción artística y cultural, por más industrialidad que implique como es el caso del cine, como un gran dispositivo de historiografías otras. Al final de cuentas, y eso nos lo decimos todas todo el tiempo, se trata de hacer contraesferas, mundos nuestros, donde simplemente vivir de otra manera. Ya con eso, cuidándonos y curándonos de cualquier estar solas, escapamos un rato a la lógica del sistema. Y lo que escapa, se reproduce, jejeje. O sea, entrar a ese tragaluz del infinito que es el cine, y seguir aullando como perras sedientas, fronterizas pero sabedoras de que hay un lugar nuestro donde la distopía ni entra.
Vean La Ola, y digan, quizás, como yo: Gracias Cine, te amo.
Nos vemos en esa enorme chance del 2026: una vez más, tenemos los próximos 365 amaneceres para escribir notas como esta y muchas más, en mi hora dorada.



